La Muerte en el Tarot, esa incomprendida

 

Siempre que, echando las cartas del tarot, aparezca por algún lado La Muerte, es muy curioso –gracioso, a veces— observar la cara del consultante. Siempre, matemáticamente hay que decirle: “Tranquilo, que no es una carta mala”.

La imaginería judeo-cristiana ha asociado a la Parca todo tipo de desgracias. Y es cierto que se acaban todos los males y todos los bienes cuando la de la guadaña nos llama. Pero la idea de muerte, asociada al tarot, va de la mano de la de resurrección.

Eso es: cambios. Reorganización. Si la situación es mala, puede convertirse en buena, llegar la solución a los problemas a través de cualquier vía; si es buena, no tiene por qué empeorar. Cambios, puede ser que para bien, puede que para mal.

 

¿Cómo debe interpretarse esta carta?

Es por eso que este arcano ha de interpretarse según cuáles estén a su lado. Por ejemplo, si nos encontramos con una secuencia Rueda de la Fortuna-Muerte-Sol, podemos intuir que un problema del que no se veía la salida se resolverá por un giro brusco e inesperado del destino.

En cuanto a las advertencias de esta carta del tarot, suelen ser muy concretas: cuando se consulta sobre la salud, nos está diciendo que cuidemos de nuestros huesos, que es fácil que nos demos un golpe. En el dinero y en el amor, como no: cambios.

Pero no es el final del camino.

 

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